domingo 8 de noviembre de 2009

Ana Merino




Carta de un náufrago

Con el consentimiento de la nieve
caminaré despacio.

Alguien habrá que espere junto al fuego
y yo, que estaré ciega por el frío,
haré paradas breves,
sacudiré el paraguas y empezaré de nuevo.

El único secreto es no sentirse
inmensamente lleno de verdades.
No aceptar nunca las invitaciones
que la neblina
sugiere al anidar con sus disfraces
de paisaje feliz, de grandes sueños.

Alguien habrá que diga, se ha perdido,
alguien saldrá a buscarme,
y llevará el calor de una botella
donde podré mandarte este mensaje.

De "Los días gemelos" 1997

lunes 12 de octubre de 2009

Ineditos

Museo

Reclamo la antigüedad de mi especie,

vestir con el verde arcaico de los bronces

como una costra atenuando mis rasgos,

acorrucarme junto a ornamentos prehistóricos,

dentro de cualquier vitrina de este museo,

para dormir la siesta de los misterios criptográficos

gravados en el dorso de todos los grandes silencios.

Reclamo dejar de buscar la utilidad de mi existencia

dejarla a manos de los arqueólogos o de los niños,

y callarme para siempre

en una parcela acristalada con vistas al oxido.

Jordi Bresoli. Ineditos.

martes 6 de octubre de 2009

Ineditos

Planteamiento

Cuando uno se da cuenta

que la muerte es la publicación

del borrador de nuestra vida,

y que un buen libro tan solo es un bautizo

donde hemos de asistir vestidos de luto,

uno debería plantearse en ir a la biblioteca

con un ramo de flores para difuntos.

Jordi Bresoli. Ineditos.

jueves 1 de octubre de 2009

Ineditos

Cuidado con la memoria

Si algún día vuelves

para dar de comer a mi memoria,

asegúrate primero

de que no te muerda la mano,

porque yo no me hago responsable.

miércoles 9 de septiembre de 2009

Enrique Vila-Matas




Soñar cuando el sueño americano ha terminado. Dar la vuelta a la esquina, a la luz de un crepúsculo en el que la imaginación muerta todavía imagina. Un ambiente de podredumbre moral, una atmósfera a lo Tricky Dick. Soñar después del tiempo de los asesinos. ¿Qué quedará de tanta miseria? La larga sonata de los cadáveres. Y una muchacha con un viejo abrigo verde a final del muelle, bajo la lluvia.


Enrique Vila-Matas

del libro Dietario voluble

jueves 13 de agosto de 2009

Alber Vázquez







Es entonces cuando adviertes

que la velocidad a la que amanece

vibra,

vibra y su pulsión es distinta,

y distinta significa errónea.

Es entonces cuando el error

convierte todo tu mundo en espasmo.

El espasmo helado

que te sacude antes

de que la lengua de fuego

abata tus sueños.





-




Limpia de intenciones,

amaneces en cubierta.

Has completado la mutación

y ahora miras

como sólo los seres magníficos

se atreven a hacerlo:

extiende tu cuerpo e invoca

la cardinalidad del mundo.

Eres ya origen y germen, ocaso,

muerte para todos nosotros.

Tu pelo brilla, límpio,

al sol de la mañana.

Sonríes imperceptiblemente.


Golpean el hielo desde abajo.

Golpean con una cadencia musical:

la que germina

en la constelación de aquellos

que advierten la inminencia de la muerte.

Golpean el hielo

y observan a los que observamos.

Hay algo parecido a la ira

en su destello final.

La rabia infértil de los que acuden

a la escotilla de la vida

por última vez.


Alber Vázquez

Del libro La mano que decide la intensidad del agua

lunes 3 de agosto de 2009

Ineditos XII

Dualismo

Es sorprendente ver como el llanto de un solo niño,

es capaz de afilarte tanto los años,

que sin darte cuenta acabas cortándote con tu propia infancia,

y te ves de repente frente a ti,

pidiéndote que recojas todos los juguetes rotos

que has esparcido durante tanto tiempo sobre tus venas,

te ves, castigándote de cara a los domingos,

por no acabarte el plato de tus viejos propósitos,

te ves gritándote, aun sabiendo que al final,

acabarás cogiéndote de tu misma mano.

Es extraño ese dualismo que siente el ser solitario,

ese ser que necesita releer aún los cuentos y a sus princesas,

el mismo que viene con los bolsillos rotos

de guardar tantos veranos, tantos inviernos,

con los zapatos llenos de barro y de preguntas,

ese ser, que con solo oír el llanto de un niño

no puede hacer otra cosa

que empezar a saltar entre los charcos,

y desear cogerse de nuevo, de la mano de su madre.

Jordi Bresoli. Ineditos XII.